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Fuerte San Martín

LOS TIEMPOS DE NAPOLEÓN

Santoña, municipio costero rodeado de mar en casi la totalidad de su territorio, está formado por un pequeño núcleo urbano y por el imponente Monte Buciero, totalmente expuesto al Mar Cantábrico. Los primeros pobladores de este espacio se remontan a tiempos prehistóricos. Así, podemos encontrar en las cavidades rocosas del monte numerosos vestigios Paleolíticos. De todos ellos destaca la Cueva del Perro, declarada Bien de Interés Cultural (BIC), que cuenta con un valioso conjunto de grabados y otros restos arqueológicos.

Los primeros datos históricos referidos a Santoña, hacen alusión a la civilización romana, que ocupó el emplazamiento y lo utilizó como puerto. Con el paso de los siglos se fue acentuando el carácter defensivo de la villa, propiciado por su naturaleza peninsular y las excepcionales condiciones naturales para rechazar ataques enemigos.

Desde principios del siglo XVII se empezaron a construir fortificaciones defensivas por todo el territorio. De esta época datan los Fuertes de San Martín (foto superior) y San Carlos (abajo, a la izquierda), cuyos muros defensivos fueron construidos a partir del perfil acantilado del monte Buciero.

Ya en el siglo XIX, la invasión napoleónica de Santoña (1810-1814) supuso la reconstrucción de los fuertes mencionados, así como la construcción de nueva planta de numerosas baterías, polvorines y fuertes entre los que destaca el Fuerte del Mazo.

En su perímetro, el Monte Buciero refleja también la tradición marítima de Santoña, a través de los dos faros del Pescador y del Caballo (debajo), este último famoso por los casi 800 escalones que hay que bajar para acceder al mismo.

Fuerte San Carlos

Faro del Caballo y Monte Buciero